A media lumbre en el IVAM
El pasado 18 de febrero de 2026, el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) inauguró en Valencia la exposición A media lumbre, una propuesta colectiva que reúne a numerosos artistas contemporáneos en torno a una idea muy clara: revisar el valor de lo manual, lo material y los saberes tradicionales desde una mirada actual.
En un momento en el que gran parte del arte se mueve hacia lo digital o lo inmediato, esta exposición plantea justo lo contrario. Aquí el foco está en el tiempo, en el proceso y en la relación directa con los materiales.
Y dentro de este contexto, la presencia de Laura Segura, artista de Marquesa Gallery, adquiere un papel especialmente relevante.
Una exposición de arte contemporáneo que mira hacia lo esencial
A media lumbre no es una exposición al uso. No está construida desde grandes discursos teóricos ni desde lo espectacular, sino desde algo más cercano: la experiencia, el hacer y la conexión con la materia.
Las obras que forman parte del recorrido del IVAM comparten un interés común por materiales como fibras naturales, cerámica, textiles o elementos orgánicos, y por procesos que implican tiempo, repetición y conocimiento acumulado.
Pero no se trata de una mirada nostálgica.
Lo interesante es que estos lenguajes tradicionales se sitúan en el presente, dialogando con preocupaciones actuales: la sostenibilidad, la identidad, el territorio o la transmisión de conocimiento.
La exposición propone así una reflexión amplia: qué valor tienen hoy los oficios, los gestos manuales y las formas de hacer que durante años han quedado en un segundo plano.

Un recorrido coral con múltiples enfoques
Uno de los puntos fuertes de A media lumbre es su carácter colectivo. La exposición reúne a 27 artistas con prácticas muy distintas, lo que genera un recorrido rico y abierto.
Algunas obras se centran en el textil como lenguaje artístico. Otras en la cerámica o en estructuras construidas a partir de materiales naturales. También hay piezas que incorporan dimensión espacial o que se relacionan directamente con el entorno.
Lo interesante es que, aunque cada artista trabaja desde su propio enfoque, existe una coherencia de fondo: todas las propuestas comparten una relación directa con el hacer, con el cuerpo y con el tiempo.
El resultado no es una exposición cerrada, sino un conjunto de voces que dialogan sin necesidad de imponerse unas sobre otras.
Laura Segura y Una trenza de hierba sagrada: una obra clave en la exposición
Dentro de este contexto, la obra de Laura Segura, Una trenza de hierba sagrada (2022), destaca por su capacidad de sintetizar muchas de las ideas presentes en la exposición.
La pieza, realizada con sisal natural trenzado, parte de un gesto sencillo pero cargado de significado: trenzar.
Ese gesto conecta directamente con prácticas ancestrales vinculadas al trabajo manual, pero también con algo más simbólico. La trenza aparece como forma de unión, de continuidad y de transmisión.
No es una obra que busque imponerse visualmente.
Funciona desde la cercanía y desde la relación con el espectador.
Además, el uso del sisal (una fibra vegetal vinculada a contextos específicos) introduce una dimensión ligada al territorio y a los recursos naturales. El material no es neutro: forma parte del discurso.
En este sentido, la obra se sitúa en un punto muy interesante: entre lo físico y lo simbólico, entre lo cotidiano y lo ritual.

Coherencia con su práctica artística
La participación de Laura Segura en A media lumbre no es casual. Su trabajo lleva tiempo centrado en la relación entre el ser humano, la naturaleza y los procesos manuales.
En sus obras, el proceso no es algo oculto, sino visible.
Se percibe en la repetición, en la construcción paciente, en la forma en la que los materiales se transforman.
Una trenza de hierba sagrada encaja perfectamente en esta línea.
Es una pieza que no se entiende solo desde lo visual, sino desde la experiencia, el tiempo y el contacto con la materia.
Y precisamente por eso funciona tan bien dentro de la exposición.
Más allá de la estética: una reflexión necesaria
Uno de los aspectos más interesantes de A media lumbre es que no se queda en lo formal.
La exposición plantea preguntas de fondo:
¿Qué lugar ocupan hoy los saberes tradicionales?
¿Qué hemos perdido en la transición hacia lo industrial y lo digital?
¿Cómo se pueden recuperar estas prácticas desde el arte contemporáneo?
No ofrece respuestas cerradas, pero sí abre un espacio de reflexión.
Y lo hace desde las obras, no desde el discurso.
Una exposición que merece una visita tranquila
A media lumbre es una de esas exposiciones que funcionan mejor cuando se recorren sin prisa.
No busca el impacto inmediato.
No necesita grandes efectos.
Su fuerza está en otra parte: en los materiales, en los procesos y en la relación que se establece con el espectador.
En ese contexto, la obra de Laura Segura se posiciona como uno de los puntos más sólidos del recorrido, no por destacar sobre el resto, sino por integrarse con coherencia en el discurso general de la exposición.
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