A pocos días de inaugurar su nueva exposición en Marquesa Gallery, José Luis Ceña conversa con nosotros sobre una serie de obras en las que la infancia, el juego y la identidad ocupan un lugar central. A través de sus característicos personajes enmascarados, el artista construye un universo donde lo humano y lo animal se entrelazan, invitándonos a reflexionar sobre quiénes somos y las máscaras que llevamos. Una oportunidad para acercarse a la mirada de uno de los pintores figurativos españoles con mayor proyección internacional antes de la inauguración, el próximo 5 de junio.
¿Qué significa para ti presentar esta exposición en Marquesa Gallery en este momento de tu trayectoria?
Presentar esta exposición en Marquesa Gallery supone un momento especialmente significativo dentro de mi trayectoria. Llega en una etapa de madurez artística en la que siento que mi lenguaje visual está más consolidado, pero también más abierto a nuevas preguntas. Por otro lado vuelvo a Carabanchel, que es el barrio que me adoptó cuando llegué a Madrid a los 15 años: además un Carabanchel convertido en foro cultural increíble en continuo crecimiento.
Para mí no se trata tanto de mostrar resultados como de compartir un proceso de investigación que sigue vivo y que encuentra en este espacio un contexto ideal para conversar con el público.
¿Cómo ha sido el proceso de construir esta exposición en concreto?
Ha sido un proceso largo y muy orgánico. Aunque algunas de las ideas llevaban tiempo acompañándome, la exposición se ha ido construyendo a medida que las obras comenzaban a dialogar entre sí. Más que partir de un concepto concreto y cerrado, he trabajado abierto a lo que cada pieza iba demandando, permitiendo que aparecieran relaciones inesperadas y nuevas líneas de trabajo.

¿Cómo te gustaría que el visitante recorra la exposición: hay una narrativa o es una experiencia más libre?
Existe una estructura interna y ciertos vínculos entre las obras, pero no me interesa imponer una lectura única. Prefiero que el visitante construya su propio recorrido, que descubra conexiones personales y que encuentre espacios para la interpretación. La exposición propone un marco, pero la experiencia final la completa quien la visita.
¿Qué crees que diferencia esta exposición de trabajos anteriores tuyos?
Quizá esta exposición es una de las más personales que he realizado hasta ahora. No porque hable directamente de mí, sino porque reflexiona sobre algo que nos atraviesa a todos: la necesidad de construirnos, de transformarnos y de reconocernos en el otro.

Jose Luis Ceña, Stillness before the dive, 50 x 50 cm. óleo sobre lino, 2026
Si alguien sale de la exposición con una idea o sensación concreta, ¿Cuál te gustaría que fuera?
Me gustaría que saliera con la idea de volver a entrar, de no saber exactamente qué rostro ha estado mirando. Si el espectador sale con alguna certeza menos y algunas preguntas más, probablemente la exposición haya cumplido su función.
¿Qué parte de esta exposición crees que habla más de ti como artista hoy?
La manera en que conviven el acierto y el error. Lo narrativo y lo visual. Me interesa cada vez más ese territorio donde el conocimiento adquirido se encuentra con lo desconocido. Creo que esa tensión está muy presente en esta exposición y refleja bastante bien mi posición actual como artista.
¿Qué te obsesiona ahora mismo a nivel creativo?
Me obsesiona la idea de la identidad como algo cambiante y en permanente construcción. Me interesa pensarla de una manera muy cercana al propio proceso pictórico: ambos son procesos abiertos que se construyen a través de capas, de decisiones, correcciones y transformaciones sucesivas. Igual que una pintura nunca surge de una sola imagen, sino de la acumulación de gestos, aciertos, errores, idas y venidas, nuestra identidad también se configura a partir de experiencias, recuerdos, relatos y de la mirada de los demás. En ese paralelismo encuentro gran parte de mi interés creativo.

Tu obra tiene algo muy reconocible. ¿Cómo has construido ese lenguaje propio?
No pienso que el lenguaje propio sea algo que se busca de manera consciente, sino algo que aparece como
consecuencia de la inquietud, la investigación y la necesidad de profundizar en determinadas cuestiones.
¿Cómo empieza una obra tuya: con una imagen clara o con una intuición más difusa?
Siempre comienza con una idea. Esa idea inicial me lleva a realizar diferentes bocetos preparatorios que, en muchos casos, distan bastante del resultado final. Hay que dejar espacio a la incertidumbre, a que sucedan cosas durante el proceso de creación, a la magia. Si nos limitáramos a reproducir exactamente la imagen inicial, no nos diferenciaríamos demasiado de una impresora. Para mí, lo verdaderamente interesante aparece cuando la obra empieza a llevarte a lugares que no habías previsto.

Jose Luis Ceña, Architecture for a domestic game, 100 x 100 cm. óleo sobre lino, 2026
¿Qué parte del proceso disfrutas más… y cuál te cuesta más?
Disfruto especialmente el momento en que la obra empieza a revelar algo que yo mismo no había previsto: cuando aparece la pintura. Es una especie de diálogo con el propio trabajo. Lo más difícil suele ser saber cuándo una pieza está terminada, cuándo hay que dejar de intervenir y permitir que el tiempo la acabe.
¿Trabajas de forma impulsiva o hay mucha planificación detrás de cada pieza?
Hay una combinación de ambas cosas, cuando tienes dos niños se hace complicado a veces cuadrar la vida personal y la profesional. Esta experiencia me ha enseñado la importancia de la planificación, especialmente en procesos técnicos complejos, pero también necesito dejar espacio para el accidente, la intuición y lo inesperado. Muchas veces las decisiones más interesantes aparecen precisamente en esos momentos inesperados.
¿Qué te interesa más: que alguien entienda tu obra o que la sienta?
Me interesa más que la sienta, sin duda. La comprensión intelectual puede enriquecer la experiencia, pero creo que una obra empieza a funcionar cuando genera una resonancia emocional en quien la observa.
¿Qué crees que hace que alguien conecte con una pieza tuya y otro no?
La conexión con una obra depende tanto de la pieza como de la experiencia personal de quien la observa. Cada persona llega con una historia, una sensibilidad y unas referencias distintas. Precisamente esa diversidad de lecturas es una de las cosas que más me interesan del arte.
¿En qué punto sientes que te deja esta exposición de cara a lo que viene después?
No la siento como un punto final, sino como un paso más dentro de una investigación que continúa abierta. Muchas de las cuestiones que aparecen en esta exposición: la identidad, la transformación, la relación entre lo que mostramos y lo que somos, siguen generándome nuevas preguntas.
De alguna manera, esta exposición me deja en un territorio incierto, y eso es precisamente lo que me interesa. Creo que el trabajo artístico consiste en avanzar hacia aquello que todavía no comprendemos del todo.
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