A pocos días de inaugurar Domesticarse o Morir en Marquesa Gallery, Rubén Martín de Lucas conversa con nosotros sobre esta nueva exposición, donde pone en cuestión la idea de civilización y los límites que nos imponemos como sociedad. Su trabajo, entre la poesía visual y la crítica ecológica, invita a mirar con otros ojos nuestra forma de habitar el planeta.
El título de la exposición es contundente: Domesticarse o morir. ¿De dónde surge esta idea y qué significa para ti esa dicotomía entre lo salvaje y lo domesticado?
Lo salvaje mengua o desaparece. Lo domesticado prospera en número. Si fueras un animal, en el s.XXI parece que solo existen esas dos alternativas: Domesticarse o morir.
A nosotros los humanos nos ocurre lo mismo. Las culturas ancestrales se ven absorbidas por la corriente general. El “progreso” es una apisonadora que todo lo iguala. La Tierra, antaño un vergel de biodiversidad, se ha convertido en una sucesión de monocultivos atravesados por una carretera salpicada de gasolineras y ciudades idénticas.
La exposición pertenece a “Días Transgénicos” un proyecto con un humor salvaje que nos enfrenta ante un crudo espejo. Un espejo que nos hace ver que somos lerdos, muy lerdos.
Y como en todo proceso de sanación: admitirlo es el primer paso.

Detalle. Bad wolf VIII, 180 x 150 cm. óleo sobre lienzo montado sobre espuma y bastidor de madera. 2025
¿Crees que la domesticación personal, social, ecológica, es una forma de progreso o de pérdida?
Se le llama “síndrome de domesticación” a la pérdida de la capacidad para vivir de forma salvaje. Les ocurre a especies de plantas y animales que han vivido durante generaciones bajo los “cuidados” de la humanidad. Han perdido sus habilidades para sobrevivir por sí solas. Un ejemplo: la planta de tomates. Al escoger para la reproducción los ejemplares con frutos más grandes generación tras generación, se produce una selección genética. Esta nueva planta de grandes frutos carnosos necesita cuidados y no sobreviviría sola. Lo mismo le ocurre al ganado. Hemos seleccionado los ejemplares más dóciles, y ahora son animales torpes… poco aptos para vivir en libertad.
A nosotros nos ha ocurrido también. Vivimos más tiempo, pero vivimos como pollos enjaulados.
¿Propones una vuelta a lo salvaje?
La vuelta a lo salvaje es absolutamente imposible. Somos demasiados en el planeta y ahora dependemos por completo de “explotar” a otras especies.
Pero hay términos intermedios. Debemos buscar otros puntos de equilibrio. No podemos dejar que el mundo sea una sucesión de explotaciones ganaderas, explotaciones agrícolas y explotaciones humanas.
Existen más maneras de vivir y de estar en el planeta. En los pueblos, sin ir más lejos. Allí hay un mejor equilibrio, hay más contacto con lo no domesticado y otra manera de manejar el tiempo y la vida. Personalmente abogo por el decrecimiento que defienden Latouche y Carlos Taibo. O algo aún más bello, poético y radical como la agricultura natural y el modo de vida que puso en práctica Masanobu Fukuoka, donde el fluir y la mínima interferencia son el punto de partida.
Rubén Martín de Lucas en su estudio en Piedralaves (Ávila)
Tus obras combinan una gran carga conceptual con una estética muy cuidada. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre la belleza visual y el mensaje que quieres transmitir con tu trabajo?
Si las obras tuvieran dos piernas, una pierna sería el aspecto visual, es decir, la parte plástica o estética. La otra sería la historia, el concepto o la idea que hay detrás.
Si ambas piernas son fuertes… la obra, y el artista, caminarán mejor.
En mi caso todo proyecto nace de una idea, un tema que quiero tratar. Y luego busco la mejor manera y el mejor lenguaje para traducirlo.
Días Transgénicos habla del progresivo distanciamiento que como humanidad hemos “dibujado” respecto a la naturaleza. Nos vemos ahora como si no fuéramos parte de ella. Esta “distancia mental” la he traducido en pinturas, en textos, incluso en instalaciones de audio. Esta metodología es una forma fantástica de trabajar. Cada proyecto me lleva en una nueva dirección. Y eso me mantiene vivo
Llevabas tiempo sin hacer una exposición individual en Madrid. ¿Qué significa para ti volver ahora con este proyecto y hacerlo en Marquesa Gallery?
Madrid es la ciudad donde crecí. No puedo decir que la ame con locura… porque no me gustan las ciudades. Pero inevitablemente le guardo cariño.
Es bonito volver a exponer en la ciudad donde uno dio sus primeros pasos como artista. Y es bonito hacerlo con un equipo joven como el de Marquesa, con ganas y una energía contagiosa. Eso influye en los resultados, y para bien.
Además en cierto modo es como regresar y decirle a los amigos “Ey, perdonad mi ausencia durante estos años, es que me fui a un pueblo con la familia. Pero estamos bien, muy bien. Allí la vida es lenta… y me gusta. Mirad, aquí os traigo un puñado de obras y reflexiones. Espero que os gusten.”
En un mundo cada vez más tecnológico, urbano y controlado, ¿todavía es posible o deseable reconectarnos con lo salvaje?
Solo tienes que probarlo. Vete a un bosque semi-salvaje, camina en silencio, observa las plantas. Siéntate a escuchar con los ojos cerrados, escucha con calma el sonido de la otredad, de todo aquello que no es humano. Huele el bosque. Abre los ojos y el mundo te parecerá más real.
Tengo la suerte, desde que me fui a vivir a Piedralaves, de poder hacer ese ejercicio con frecuencia. El bosque semi-salvaje que nos rodea es curativo. La garganta del Nuño cojo es una presencia sagrada, sanadora.

Garganta del Nuño Cojo. Piedralaves, Ávila
Si tuvieras que resumir Domesticarse o morir en una sola imagen o pensamiento, algo que el visitante se llevara consigo al salir de la galería, ¿cuál sería?
Soy lerdo, somos lerdos. Admitirlo es el primer paso.
El jueves 21 de noviembre, de 19:00 a 22:00 h, abrimos las puertas de Marquesa Gallery para presentar Domesticarse o Morir, la nueva exposición de Rubén Martín de Lucas.
¡Os esperamos!

Rubén Martín de Lucas. Fotografía: Mirka Formanova
info@marquesagallery.com
+34 671 20 68 74



