En la obra de Bernabé Gilabert no hay figuras, pero hay presencias. Sus pinturas son superficies habitadas, muros que han escuchado voces ya apagadas, fragmentos de arquitectura convertidos en memoria visual. A través de una depuración radical del lenguaje pictórico, Gilabert ha construido, obra tras obra, una poética del espacio deshabitado: lugares sin cuerpo pero con historia.
Lejos de cualquier nostalgia literal, su trabajo es una meditación sobria y rigurosa sobre la huella. Sobre lo que permanece cuando todo lo demás ha desaparecido. Cada plano de color, cada línea delimitada con precisión, actúa como vestigio de una estructura que fue útil, íntima y vivida. Como si se tratara de paredes abiertas por la demolición o de arquitecturas suspendidas en el tiempo, sus composiciones remiten a los límites entre lo visible y lo recordado, entre la materialidad del muro y la inmaterialidad del recuerdo.
La pintura de Gilabert es profundamente silenciosa, pero no muda. Su silencio denso está lleno de capas superpuestas de historia, observación y escucha. Su abstracción no es un juego formal, sino una búsqueda de esencialidad: una manera de hacer hablar a los espacios sin artificio, de mostrar sin mostrar, de representar lo invisible sin traicionar su misterio.
En un tiempo saturado de imágenes inmediatas, la propuesta de Gilabert exige pausa, contemplación y entrega. Nos obliga a detenernos ante lo mínimo para descubrir lo que, en realidad, ha sido todo: el paso del tiempo, el desgaste, la resistencia, la belleza secreta de lo que persiste en el borde de la desaparición.
info@marquesagallery.com
+34 671 20 68 74







