José Manuel Cruz Valdovinos “Madrid al fresco” exposición Claudia Alonso-Allende

obra de Claudia Alonso-Allende Alegoria-de-la-Paz-y-la-Justicia-.-120-x-120-cm.-Tecnica-mixta-sobre-lienzo-2025

Algunas veces he comentado a mis alumnos de la Facultad qué pasaría si hubiéramos podido oír a los artistas del pasado dar una explicación sobre sus obras. Pero esa posibilidad la tenemos cumplida con los artistas actuales, con los que cabe conversar. Les ponía algunos ejemplos de pintores, escultores o plateros a los que había conocido. Siempre había aspectos positivos de estas explicaciones, sea por lo que respecta a sus biografías que se ilustraban con anécdotas, sea por lo relativo a cuestiones técnicas y materiales del arte, en que el historiador tiene mucho que aprender.  Pero, igualmente, les advertía que, en ocasiones, era mejor contemplar las obras y no tanto oírles hablar sobre ellas. Claudia es ejemplar en la conversación. No sólo transmite noticias personales que permiten conocerla mejor que cualquier reseña biográfica, por extensa que sea, y que sirven para apreciar y entender mejor su pintura. También sabe expresar lo que pretende en y con su arte y ayuda a la contemplación de sus obras. 

Me atrevo a indicar, ajeno por completo a cualquier ánimo clasista, que se nota su formación universitaria, lo que no en todos los que pasan por las aulas se percibe. Cierto que la huella de la enseñanza no depende en todo del propio alumno, sino también de los profesores que le enseñaron. En ella se han conjugado hados propicios en ambos factores. Se nota la huella de su formación, que acabó cuando se graduó en 2015 en la Facultad de Bellas Artes. Luego, su estadía en Nancy, pintando y exponiendo, y aún después su fructífera residencia en Villa Lena en la Toscana, que le acercó a Luca Giordano, apoyo principal para su arte actual. Todo ello, unido a sus innatas habilidades, produce el magnífico desarrollo intelectual y artístico que trasluce su obra.  

No es la primera ni será la última entre los artistas que se han inspirado en otros. El fenómeno de absorción de influencias es permanente en el Arte y no sólo entre los antiguos, que imitaron a sus maestros o cuya mirada se volvió hacia otros modelos lejanos en el tiempo, por no hablar del enorme seguimiento de las estampas. La inspiración no es óbice a la producción de las más grandes obras. Más allá de la mera copia o imitación, en pleno siglo XX, extraordinarios artistas han interpretado obras maestras de quienes les precedieron en siglos. No es el lugar para hacer una relación, siquiera parcial, de este fenómeno. Hace unos pocos años publicamos un artículo donde nos ocupábamos de las miradas contemporáneas sobre el arte histórico desde 1975. Pero no nos resistimos a recordar ahora, pues viene al caso, el ejemplar quizá más significativo de este tipo de asimilación: Picasso y las Meninas. 

No es fácil de explicar el motivo por el que nos vino a la cabeza este símil cuando observamos la pasión de Claudia por Luca Giordano, pero es claro que explica muchas de sus obras de años recientes, y, en concreto, las que ahora se exponen. El napolitano llegó a España, donde permaneció durante diez años. Sucedió trescientos años antes de que naciera Claudia. Nuestra pintora lo descubrió en Florencia antes que en Madrid. Compartimos la opinión de quienes destacan que se inspira en grandes frescos como los del Giordano, pero no sólo. Luego volveremos sobre ello. 

El trabajo sobre el famoso toro de Osborne que concibió Manolo Prieto en 1956, tan conocido por infinidad de personas en España e incluso en otras partes del mundo, ha sido manipulado de manera sorprendente por Claudia. Es una intervención que se realizó en el aeropuerto de Barajas, donde presentó su propuesta, que se difundió en modo de tarjetas postales. El anuncio de una bebida espirituosa, brandy Osborne, le inspiró a pintar por encima del negro toro una obra llena de color tan adecuada como los Borrachos de Velázquez -mejor que su docto título Triunfo de Baco-, y denota la diferencia entre una artista verdaderamente cultivada en un amplio repertorio histórico de imágenes y de quien sólo posee un conocimiento superficial de tal elenco. El ejemplo nos sirve para introducir mentalmente al espectador en la manera de hacer, de pintar, de Claudia, y queda así mejor preparado para apreciar su capacidad de transformar lo ajeno en propio, tal como viene practicando desde hace unos años.   

Magnífica muestra de esta vía de trabajo son las derivaciones del lienzo de Corrado Giaquinto, La Justicia y la Paz se besan (salmo 84), una obra que tantas veces hemos explicado con entusiasmo en el mismo museo del Prado, pero ignoramos si han sido sus colores lo que ha atraído a Claudia.

Sin embargo, Luca fa presto ha sido hasta ahora su mejor fuente de inspiración. Me parece que descubrió sus grandes frescos en el palacio Medici Riccardi de Florencia y también en los del palacio Pitti, y desde entonces, se imprimieron en su subconsciente. Luego, la bóveda del Casón del Buen Retiro de Madrid, ese gran salón de baile convertido en biblioteca hace unos años, le ha servido de obrador. Allí, sentada a la mesa como un investigador, ha dibujado sus bocetos, que traspasará al lienzo elaborado con telas escogidas. Pienso que no ha resultado contradictorio que la inspiración provenga de enormes frescos que cubren superficies tectónicas, pues las obras de la pintora suelen ser de gran tamaño. Algunas interpretan salas de los palacios, pero, a nuestro entender, son más representativas las que actúan como variaciones de fragmentos de los techos y las bóvedas. Le atraen los grandes cielos olímpicos, con poderosos azules, en que se mueven figuras alegóricas de resonancias mitológicas. Sospechamos que el simbolismo es aleccionador en ocasiones –Minerva protectora de las artes y las ciencias del palacio Medici- pero casi siempre parece que basta la sola pintura. 

Así, con esta compleja génesis, surge un torrente de ideas que se traduce en imágenes calificadas a veces de abstracciones. No estamos seguros de que sea adecuado el término si lo aplicamos como se viene utilizando a partir de Kandinsky desde hace más de un siglo. La figuración originaria -restos, fragmentos o detalles- pueden identificarse con algún esfuerzo. Más que por una decisión personal, ha sido su reproducción a través de la memoria lo que ha llevado a esa impresión de haber sido manipulados y transformados. Lo que ha quedado es una lejana percepción de la obra originaria que ha recorrido larga distancia antes de ser trasplantada al nuevo lienzo. 

Las actuales obras de Claudia son tan diversas de la copia más o menos fidedigna como cualquier original. Son la percepción particularísima del sujeto que resulta de la contemplación de una imagen, tanto da que sea de la propia Naturaleza o de una obra preexistente salida de las manos de un artífice. Es producto de una invención, acentuada todavía tras pasar por la memoria, distorsionada sin pretenderlo. 

Cada espectador percibirá de modo distinto lo que observa en cada lienzo, no obstante algunas constantes que señalaremos según nuestra percepción. En primer lugar, el color. La paleta es amplia, si bien los azules y blancos señalan preferencias. La manera es resplandeciente. Destacamos el movimiento, nada se aprecia estático, ni en las formas ni en el color. A veces se diría que el cuadro es como un cielo poblado de nubes en movimiento donde se abren jirones de cielos coloreados en que se vislumbran formas incompletas y continuamente variables. 

Quienes miren estos lienzos recordarán esas pequeñas tarjetas de color uniforme que salpican la tela. No solo son como firmas materiales de la artista, sino fragmentos móviles, voladores, sutiles testimonios de la memoria que guarda de ese pasado pictórico que la conmovió, de ese principio básico del que todo parte. 

Es evidente que la percepción de cada contemplador es diferente como ya hemos resaltado. Quizá la nuestra, como historiador, sea o pretenda ser más erudita tratando de descubrir más allá de lo que aparece ante una simple mirada. No desearíamos, por ello, que turbe la mirada de nadie y que le haga difícil apreciar la belleza más allá de cualquier explicación. Porque estamos seguros de que podrá encontrarla sin gran esfuerzo en las pinturas de Claudia. 

            José Manuel Cruz Valdovinos  

                                                          Catedrático emérito de Historia del Arte. U.C.M.

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Rocio Martínez Martínez

Rocio Martínez es cofundadora y directora de Marquesa Gallery. Historiadora del arte y experta en mercado artístico con años de experiencia, ha trabajado estrechamente asesorando en la adquisición de obras de arte, tanto con galerías como con coleccionistas privados.

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